Estafas y secuestros virtuales: “Cuentos de terror”

28 Agosto, 2017

Bandas mixtas “recaudaron” en 2017 más de 20 millones de pesos a lo largo de varias provincias. La ecuación es sencilla: se trata de delitos con menos riesgos y mayor “rentabilidad” para el ladrón.

Los cuentos del tío o secuestros virtuales están “de moda” en Bahía y la zona. Son modalidades que no demandan uso de armas, no generan peligro físico ni gran exposición para los autores y les reportan un mayor beneficio, muchas veces en moneda extranjera.

Y por lo general son hechos excarcelables. Se los considera una estafa.

El artículo 172 del Código Penal sanciona con prisión de un mes a 6 años a quien “defraudare a otro con nombre supuesto, calidad simulada, falsos títulos, influencia mentida, abuso de confianza o aparentando bienes, crédito, comisión, empresa o negociación o valiéndose de cualquier otro ardid o engaño”.

“De 5 dólares que andan en la calle, 1 lo tiene el Banco Central y el resto la gente en el colchón”, evalúa un investigador local, para dar una magnitud del fenómeno.

Vecinos de una amplia región -en especial adultos mayores, que son los más vulnerables-, sufrieron más de 100 hechos en lo que va del año, entre consumados y tentativas.

Se especula que son bandas mixtas -tienen células que actúan en el ámbito de Bahía Blanca y ramificaciones en Mar del Plata, La Pampa, Río Negro y Neuquén-, que “recaudaron” en 2017 más de 20 millones de pesos a través de estos mecanismos de la delincuencia no convencional.

Familias de origen gitano

Actúan, según el modus operandi, diferentes organizaciones.

Los cuentos del tío generalmente están a cargo de familias de origen gitano. Consisten en llamadas a teléfonos fijos de viviendas ocupadas por abuelos. Les dicen que son sus nietos o sobrinos o que hablan de parte de ellos y que “un amigo” del banco pasará a retirar los dólares que guardan, porque van a quedar fuera de circulación por vencimiento. Luego se presenta en la vivienda una persona con buenos modales y bien vestida (con saco y corbata, simulando ser empleado bancario o contador) y recibe los ahorros.

Parece inverosímil, pero muchísimos incautos caen.

“Generalmente son víctimas de entre 70 y 90 años o más, elegidas al azar, aunque con una mínima inteligencia previa, porque observan las casas y los ingresos y egresos de las personas”, advierte un policía experimentado.

Esta modalidad se da más en la zona que en Bahía Blanca y reporta un botín que, en promedio, no baja de los 10 mil dólares.

“No se instalan en los pueblos, están medio día o un día y se van, para no levantar sospechas”, agrega el informante.

Los investigadores reconocen que los gitanos bajo sospecha “mutaron”. Antes se dedicaban a las estafas con la compra y venta de automotores, pero “encontraron mejores rumbos”. Y además las bandas del conurbano les “coparon el negocio” de los coches.

Unos cayeron en Coronel Suárez

A mediados de este mes, cuatro personas, entre ellas dos menores -todos de origen gitano-, fueron detenidas por la policía en Coronel Suárez, acusados de hacerle el “cuento” a una mujer de 86 años y despojarla de efectivo.

Se trata de Lucía Rosa Castillo Jancovich, de 48 años, Andrés Fernando Castillo Jancovich (18) y dos adolescentes de 17.

El procedimiento, llevado adelante por personal policial y de la sub DDI de esa ciudad, se llevó adelante en el cruce de las rutas 85 y 67, cuando los sospechosos se movilizaban en un Volkswagen Bora.

Del interior del auto se secuestraron 4 teléfonos celulares, 114 mil pesos y 780 dólares.

En principio están acusados de la estafa contra Inés Getti, quien recibió la llamada de un supuesto nieto para el retiro del dinero, con la excusa ya descripta, y terminó entregando 28 mil pesos y 700 dólares.

Ante el fiscal Eduardo Quirós, de Flagrancia, los dos mayores se negaron a declarar y fueron excarcelados.

El joven Castillo Jancovich también está a disposición de la justicia de Bolívar, donde se encuentra sospechado de participar en otro hecho similar.

Se estima que podrían tener relación con otros delitos cometidos en algunos puntos cercanos a Suárez, como Pigüé o Guaminí, una zona sensible para este tipo de casos.

“Hay que ‘desplumar’ 8 o 9 celulares y de esa información surgirán nuevas pistas”, afirma otra fuente.

Condenas por una gran estafa

A mediados de abril, el Tribunal en lo Criminal Nº 1 de nuestra ciudad condenó a 3 años de prisión a un hombre acusado de integrar una banda dedicada a estafar a personas mediante el cuento del tío, cuyos integrantes se apoderaron de casi 120 mil dólares y valiosas joyas, tras defraudar a dos mujeres a principios de 2016.

En ambos casos los ladrones se hicieron pasar por familiares y les indicaron a las víctimas que debían entregarles los bienes al supuesto contador de un banco, que pasaría a buscarlos por sus domicilios.

El fallo, resuelto en trámite de juicio abreviado, recayó en Nelson Abraham Costich (28), domiciliado en Neuquén e imputado de asociación ilícita y estafas.

Para la acusación, Costich -de origen gitano- formó parte, junto a otras tres personas, de una organización destinada a cometer delitos en diferentes localidades, los que llevaban adelante realizando llamados telefónicos a los damnificados, haciéndose pasar allegados e indicándoles que debían validar o cambiar el dinero que tuvieran y para ello tenían que entregarlo a un empleado de una entidad bancaria que pasaría por sus viviendas. Engañó a una mujer en Bahía y a otra en Pigüé.

Un identificador de llamadas le permitió a la policía detectar un teléfono de Catriel, Neuquén y así encaminar la investigación.

En junio, el Tribunal en lo Criminal Nº 3, sentenció a 6 años de prisión -y lo declaró reincidente- a Marcelo Adrián Tello, sindicado como integrante de la misma organización delictiva. En su caso le imputaron cinco hechos.

El hombre fue detenido a mediados de 2016, cuando un policía lo identificó paseando con su familia en un shopping de Neuquén.

Desde Córdoba y también Mendoza

Los secuestros virtuales, en cambio, se inician a partir de una llamada telefónica -casi siempre a un celular- que simula el secuestro de un familiar de la persona que atiende, con el fin de forzar la entrega de dinero o cargas de tarjetas telefónicas a modo de ‘rescate’. A diferencia de los secuestros reales, nadie está privado de la libertad. La víctima es quien recibe la llamada.

Estas comunicaciones, en su mayoría, son de Córdoba; en menor medida, de Mendoza y en una mínima cantidad, desde la cárcel, a través de llamadas de cobro revertido.

“Antes de dar a conocer la verdadera intención, muchas veces aluden a un accidente de tránsito. Primero hablan de eso, luego alguien grita de atrás o le pegan con una tabla a una mesa, simulan un castigo. A partir de los nervios del interlocutor, empiezan a sacar datos y exigen la entrega de dinero”, detalla un investigador.

A diferencia de los cuentos del tío, en los secuestros virtuales no existe contacto personal con las víctimas y la exigencia de depósito de dinero se canaliza a través de la compañía Western Union o de puestos de Pago Fácil, como el que funciona en la terminal de ómnibus de nuestra ciudad, donde se habrían detectado movimientos muy abultados de cargas de tarjetas telefónicas.

En el caso de los depósitos de dinero, el efectivo se gira a cuentas que tienen nombre y apellido, aunque son habilitadas por los embaucadores con DNI falsos o sustraídos.

“En estos casos es fundamental mantener la calma, aunque la gente, especialmente la más grande, se altera. El otro día una señora recibió una llamada de estas características y tomó un remís hasta Wal Mart para depositar como sea la plata, pero le dijeron que hacía varios meses que no funcionaba Western Union en el lugar. ‘Dale porque te mato al pibe…’, le advertían”, explica otro vocero.

Esta modalidad tiene un menor porcentaje de hechos consumados que la otra, así como es inferior el botín que, en promedio, se reporta.

Los investigadores, hasta ahora, no han encontrado ninguna conexión local con las células que operan desde Córdoba y Mendoza. El contacto es a la distancia, a través del teléfono.

“Depositá o te vamos a deportar”

Una modalidad que está fuera del patrón habitual sufrió hace un mes una joven extranjera que vive en Bahía.

Laura es colombiana, tiene 21 años y se domicilia en un edificio céntrico. El 14 de julio recibió la primera llamada. Le informaron que eran de la firma Vodafone (de telefonía) y la AFIP de Córdoba.

Primero le dijeron que se había hecho acreedora de una línea telefónica de esa firma, que el gobierno buscaba promocionar. Luego le exigieron el depósito de $13.500, por Western Union.

Y la bogotana cumplió. Se asustó porque la amenazaron: “Depositá porque sino te vamos a deportar por evasión de impuestos…”, le dijeron.

Fuente: La Nueva

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